lunes, 31 de agosto de 2009
La gripe A costará mil millones de euros a las empresas, según un informe
lunes, 3 de agosto de 2009
WEBS AGOSTO
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Change Manager: las actitudes de los gestores del cambio organizacional
Para encuadrar el tema, comenzaré transcribiendo la apertura de un seminario sobre Change Management que daremos próximamente, basado en nuestra experiencia de trabajo en el Team de Change Management de BDO Becher, que a modo de buscar el efecto en los espectadores, y tal vez a modo de provocación, explicitará algo similar a esto:
“¡Change Manager se nace! No se puede gestionar el cambio organizacional si uno no es un buen gestor del cambio… no hay un libro de base que nos enseñe los pasos que, de hacerlos correctamente, podamos gestionar los grandes cambios organizacionales… y si no se nace, el change management se hace.
El Change Manager (o gerente del cambio, o gestor del cambio) es la persona que se dedica a “hacer”, y esa es la clave de su práctica. La diferencia entre un Manager que gestiona el cambio y otro que no lo hace es precisamente lo que uno hace y el otro no.”
Pasada esta disertación (que usa en formato cómico la discusión de si el liderazgo se aprende o es una habilidad innata, si se nace, se hace o se construye) que, claro está, no pretende ser académica, y es cuestionable hasta por mí mismo, ahondaremos en las dos líneas de trabajo aquí propuestas:
– Por un lado, en las claves actitudinales y conductuales de una disciplina o un trabajo de consultores expertos que efectivamente realizan change management en las organizaciones. A falta de la gerencia “del cambio”, estas personas son hoy los gestores del cambio en las organizaciones. Ejemplos de esto son los líderes de proyectos de IT que desarrollan con éxito una nueva aplicación, los ferentes de finanzas que logran aumentar la cultura de control en su organización, o los soldados de RR.HH. que consiguen que una empresa cambie aspectos fundamentales de su cultura, por ejemplo el modo y el sentido con el que se realizan las evaluaciones del desempeño.
– Por otro lado, el artículo tratará de documentar algunas líneas metodológicas y buenas prácticas de change management vigentes.
La insistencia en la polémica frase “Change Manager se nace”, tiene su raíz en que la esencia de un proceso de cambio exitoso es que alguien (y a veces es una sóla persona) crea fervientemente que el cambio es necesario y factible. Esta creencia por lo general se asocia con personas que no sólo pueden imaginar escenarios diferentes sino, fundamentalmente, que pueden llevarlos a la realidad. Nuevamente, bajando al campo de lo concreto, son las personas capaces de “plantarse” ante todos aquellos que creen que el cambio no es necesario, y sostener activa y creativamente la idea que justifica la necesidad de cambiar. Después están los recursos técnicos y, ahí sí, cuando nos valemos de las buenas prácticas de change management encontramos en el puesto número 1 ó 2 de los “to do” la frase: “Crear una sensación de urgencia”.
El Change Manager es aquella persona que dentro del marco organizacional se anima, se autoriza, y es autorizado por la organización para crear una sensación de urgencia, algo así como la idea de que si no se cambia, el negocio, la organización, y todos los que la habitan, se hunden.
Entonces, el supuesto curso o seminario de change management dirá en el capítulo número 1 que hay que generar una sensación de urgencia, pero para animarse a hacerlo hay que estar muy seguro de la visión del cambio, y para estar muy seguro de que la propia visión del cambio es necesaria para la organización, hay que ser un líder, y para ser un líder hay que haber pasado por determinadas experiencias vitales que nos predispongan, y en definitva, no es que se nace, pero casi lo es. Para seguir la receta, hay que haberlo hecho muchas veces sin saber que se estaba aplicando esa receta.
Sobre este conjunto de actitudes que podría tener la persona encargada de liderar los cambios se apoya el esquema metodológico, en sentido estricto. El cambio lo hace toda la organización y, en sentido más estricto, es liderado por algunos que, por lo general, se nuclean en lo que se llama la “Coalición Directiva o del Cambio”.
Es una buena práctica de change management formar una coalición directiva sólida, pero ¿cómo se hace? Podemos seguir con las bromas y afirmar: “La coalición directiva nace”. Pero, ¿cómo nace?
El Change Manager es aquella persona que se anima, se autoriza y es autorizada por la organización para formar un equipo con gente que no era un equipo hasta ese momento o no estaba al servicio del cambio organizacional. El punto aquí es que saber que hay que formar un equipo que soporte las resistencias, las críticas, las dilaciones, las desviaciones, no nos ayuda a formarlo. Ese saber es sólo la condición necesaria para empezar. Pero para soportar que los miembros del equipo quieran faltar a las reuniones porque sus Directores los requieren (o tienen una “call” del exterior, o no tienen tiempo, o no les pagan para eso, etc.) y que no falten, hay que ser Change Manager, y como esta posición no suele existir en las empresas, no alcanza con la responsabilidad conferida. Para ser Change Manager hay que saber gestionar el cambio independientemente del rol que se cumple en la organización y aquello que se ha estudiado.
Un buen ejemplo entre lo actitudinal (el “se nace”) y lo aprendido (el “se hace”) puede encontrarse en la metodología de gestión de proyectos, nuestro gran aliado hoy tanto en la Ingeniería Civil, en el área de IT y, cada vez más en el resto de las áreas de la organización. Todo lo que ahí se aprende es la base del Change Management, saber administrar herramientas de gestión para grandes proyectos es como tener una Biblia entre las manos que marca el camino de las buenas prácticas de gestión, pero… las actitudes de aquellas personas llamadas a liderar el proyecto terminan siendo la gasolina del proyecto. Hacer minutas es prolijo y clave para los proyectos; saber usar las minutas para negociar, explicar desvíos, argumentar delante de los socios estratégicos, hacer funcionar una reunión de equipo del proyecto, termina siendo lo fundamental.
La teoría, tanto como la metodología, es aquello que el Change Manager debe saber, y el hallazgo de los consultores es que, por lo general, y al no ser el change management una disciplina que se estudia en la universidad, aquellos que gestionan los cambios organizacionales ya hacen lo que la teoría formula, cuestión que no es extraña ya que la teoría del change management no es otra cosa que una extrapolación o conceptualización de la práctica de la gestión del cambio efectiva.
Podemos aquí, y para comenzar a cerrar los conceptos, hacer dos listados: por un lado, el que marcará los pilares básicos, aquello que la práctica del change management puede y debe contemplar. Este listado podría ser:
Pilares del Change Management
- Crear una sensación de urgencia.
- Formar una poderosa coalición directiva.
- Crear una visión que otorgue sentido al cambio.
- Comunicar la visión activa y estratégicamente.
- Potenciar a otros para poner en práctica la visión.
- Planificar la obtención de éxitos a corto plazo.
- Consolidar las mejoras y producir más cambios.
- Institucionalizar nuevos métodos.
Eso son los pilares, la base, los cimientos o como queramos decir que es sólo una guía para comenzar. Después viene lo actitudinal, lo innato o aprendido (ya no importa y dejamos la broma), lo que el Manager tiene que hacer para sostener el proceso o los procesos de cambio organizacional, podrían ser:
Actitudes del Change Manager:
- Creer en lo nuevo, amar el cambio y asociarlo a la productividad y el negocio.
- Tener la voluntad firme de influir en los otros y dejar una marca en su tiempo (lo que Kovadloff llama “ser contemporáneo”).
- Crear equipo, sostenerse en equipos, valorar la importancia de que haya al menos dos o más personas dispuestas a sostener el cambio cuando la resistencia aparezca.
- Transmitir el sentido del cambio. ¿Por qué y para que cambiar?
- Delegar y generar en otros la responsabilidad de implementación que uno solo o unos pocos no pueden realizar.
- Premiar y reforzar las conductas asociadas al cambio y desalentar todo aquello que se distancia del objetivo de cambiar.
- Lograr grados crecientes de documentación, metodologización y todo aquello que contribuya a sedimentar nuevas prácticas para que se conviertan en instituidas a pesar de su inevitable derrotero de cambio.
Y la lista podría seguir, orientada en aquellas conductas que los Managers pueden o no tener a la hora de provocar el éxito de un proceso de cambio.
Claro está que si bien el change management no tiene aún en la mayoría de las organizaciones una persona física que representa el rol, no debiéramos transitar sobre la fantasía de que esto es un atributo organizacional que debe recaer sobre las gerencias de RR.HH.
El Manager del cambio es alguien que trabaja en cualquiera y en todas las áreas de la organización, que eventualmente y para proyectos cor, se corporiza en una o unas personas internas o externas con la responsabilidad de que al menos los aspectos centrales del cambio requerido se produzcan.
Y para salir definitivamente de la frase polémica y jocosa de que “Change Manager se nace”, podemos introducirnos en otra frase simple y también parcial, pero que miente menos al buscar el mismo efecto comunicacional: “Change Management se hace”.
Fuente: Mariano Vinocur www.sht.com.ar
miércoles, 1 de julio de 2009
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domingo, 31 de mayo de 2009
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Ser emprendedor. el emprendedor dentro de las empresas
El empleado-emprendedor es en su realidad un empresario: buscará con frecuencia ocupar un puesto de liderazgo. Se lo puede juzgar de trepador; pero él es sólo ambicioso y responde a una necesidad interna de crecer. Quiere decidir, hacer, enseñar, producir, conseguir. Es entusiasta y despierta cada día plagado de sueños a concretar.
Este tipo de colaborador en una empresa realiza un aporte exquisito en su ámbito de trabajo porque lo asume como propio y trabaja para mejorar su entorno aportando ideas y energía, ya que en general se automotiva con relativa facilidad.
Forman parte integrante de casi todas las firmas y son para muchas de ellas pilares importantes y codiciados. De hecho, en las búsquedas de personal algunos empleadores suelen decir al selector, como al genio de la lámpara: “... que tenga autonomía, poder de decisión, que quiera crecer y aprender”.
Ese es el empleado-entrepreneur. A diferencia del que no se interesa por trabajar para sí mismo y sí para otro, este tipo de empleado tiene proyectos y sueños guardados que algún día intentará realizar. Es como un ave con alas pequeñas que se deja cuidar para volar al sentirse seguro.
Pero no es este un aspecto del todo negativo, ya que deja tras de sí tareas realizadas y plataformas construidas para los que lo sucederán. Por esto es muy valorado en las corporaciones, y sus empleadores bien saben que ellos responden a su talento, a sus ideas, y no es simple gerenciarlos pero tampoco conviene prescindir de su riquísimo aporte. (Por lo tanto, si usted busca empleo debe saber que quizás estén buscando un empresario, ¡no se confunda!)
Tener el proyecto, los recursos y el planeamiento, es sólo el inicio de una empresa, pero no son nada sin aquél que la gestó y le dará vida. Las ideas pueden ser las mismas, las personas que las llevan a cabo marcan la diferencia. Y mientras esa oportunidad aparece, él será un empleado deseoso de volcar su energía en algún propósito, que seguramente será el de otro. Su jefe sentirá que no hace falta pedirle empeño porque se adelanta en las ideas e innovaciones, suele llegar temprano o irse tarde, y en sus vacaciones genera nuevas contribuciones para llevarlas a la práctica al regresar.
O quizás lea un artículo en el periódico y descubra que es aplicable en la empresa a la que pertenece. Y no pide mejor salario por esto: es su modo de trabajar, necesita de esta motivación para hacerlo; sino, preferirá quedarse en casa.
Algunas veces se pierden estos personajes por no dejarles crear y creer –que pueden obrar en la compañía como si fuera propia–. Quizás por celos, competencia o temor a ser superado. Porque está en constante movimiento: él quiere aprender, mejorar, innovar.
Esta clase de talento es gerenciable de una manera muy diferente. Son personas muy emotivas, y como tales reaccionan por emoción. Pero deben sentir que son respetadas y retribuidas aunque sea desde el reconocimiento. Son empleados mucho más resistentes a las condiciones adversas o a las crisis en las empresas porque su motivación reside dentro de ellos. Pero por esta misma razón, confían más en sí mismos y se saben capaces de conseguir otro empleo. Sienten que depende e ellos, que no es azaroso ni circunstancial.
Todos conocemos a alguien con estas características. Ellos escriben sus historias en los libros o son relatadas por biógrafos entusiastas. Ellos aparecen en nuestra vida de vez en cuando para decirnos: “¡Vamos, despierta, lo harás si realmente lo deseas!”.
Hay quienes son así y se facilitan a sí mismos los recursos para desarrollarse. En otros duerme este emprendedor que un día, desde adentro, le dirá que puede hacer algo mejor. Y los hay quienes no lo tienen. Aunque nada es imposible para el ser humano, y por lo tanto uno puede proponerse ser así alguna vez, no es éste el único modo de proceder. Es solamente, una manera de ser. Porque están los animadores y los espectadores, y ambas piezas son imprescindibles para que exista el espectáculo.
Lo que sí en innegable es que el show que brindan estos “actores” de la vida hacen que continuemos creyendo en la fuerza humana, aun cuando creíamos haber perdido toda esperanza. Porque para triunfar sólo necesitan de una cosa: a ellos mismos!!
Verónica Corba (www.sht.com.ar)